¿Vale la pena invertir en oro?

Caracas/Universia Knowledge Wharton.- El oro tiene un atractivo atemporal, sobre todo para aquellos que están preocupados por la volatilidad del mercado bursátil, la inflación, la devaluación de la moneda o el colapso de la civilización. Sin embargo, no todo el mundo cree que el oro es el puerto seguro que sus defensores pregonan. Después de seguir una senda alcista en los últimos doce años, ha caído de forma abrupta en 2013.

Después de todo, aunque el oro tenga algunos usos prácticos en la electrónica y en unos pocos procesos de fabricación, la mayor parte acaba convertido en joyas que adornan las muñecas y cuellos de la gente o en lingotes que descansan apilados en salas de puertas gruesas y suelos reforzados. ¿Hasta qué punto es posible confiar en la demanda de una commodity que muy poca gente necesita? ¿Qué papel debería jugar en una cartera de inversiones? ¿Por qué su precio ha caído en los últimos tiempos?

“Las personas tratan el oro como si fuera una póliza de seguro. Para mí, es una póliza demasiado cara”, dice Jeremy Siegel, profesor de Finanzas de Wharton.

“Yo jamás recomendaría una inversión específica en oro”, añade Kent Smetters, profesor de Economía empresarial y políticas públicas de Wharton. Él añade que los inversores tienen otras opciones mejores para protegerse de la inflación, una de las supuestas ventajas del oro.

Un historial irregular. No se puede negar que el oro ha sido fuente de valor para el hombre desde hace miles de años. Se puede encontrar en las sepulturas de las élites de todo el mundo. La búsqueda de ese metal precioso fue, en gran medida, el motivo de que se explorara el Nuevo Mundo. Cazadores de tesoros arriesgan la vida en busca de cofres de oro perdidos en el fondo del mar.

Pero su historial como reserva de riqueza es irregular. Desde principios de 2001 hasta finales del verano de 2011, el precio del oro pasó de algo menos de US$300 la onza a cerca de US$1.900, lo que confirmaba la opinión de los defensores de esa commodity de que es un metal en que realmente vale la pena invertir. Sin embargo, ha habido también varios periodos decepcionantes. El oro llegó a poco menos de US$700 la onza en 1980, después cayó y ya no alcanzó el mismo nivel en los 27 años siguientes. A principios de este año, cotizaba a US$1.657, después cayó cerca de 18% hasta situarse en aproximadamente US$1.355, mientras que el Índice Standard & Poor’s 500 obtuvo una ganancia de cerca de 18%.

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El motivo de esas subidas y bajadas es siempre objeto de debate. Cuando el precio del acero sube o cae, la razón suele estar en el ritmo del crecimiento económico mundial. Los precios de los granos están fuertemente influidos por las condiciones climáticas. Pero el oro se mueve por la emoción.

La mayor parte del oro se acaba empleando en la producción de joyas. Los mayores consumidores son los compradores de joyas de la India, observa Franklin Allen, profesor de Finanzas de Wharton.

“Como la India no está muy bien hoy en día, ese puede ser uno de los factores responsables de la caída de los precios”, dice. “También puede deberse a que los bancos centrales y los fondos hedge estén vendiendo el metal, un dato del que no estamos al corriente”. Las grandes ventas de este metal, tal vez para reunir dinero con el objetivo de estimular la economía, aumentarían la oferta de oro subcotizando los precios.

Los precios del oro también se ven afectados por los vaivenes de la demanda de otras inversiones. Cuando las acciones parecen una buena opción, algunos inversores las cambian por el oro. La consecuente caída de la demanda favorece que su precio baje. La devaluación del oro este año coincidió con el rápido aumento de los precios de las acciones. “El oro y la plata están pasando por una fase mala porque las personas están poniendo su dinero en el mercado bursátil”, dice Smetters.

Siegel gestiona un gráfico donde señala las ganancias reales de varias clases de activos a lo largo de varios años, con los retornos ajustados por la inflación. Debido a la inflación, un dólar adquirido en 1802 valdría sólo 5,2 céntimos a finales de 2011. Un dólar invertido en títulos del Tesoro en la misma época valdría US$282, o US$1.632 si se hubiera invertido en bonos de largo plazo. Si la inversión hubiera sido en oro, hoy valdría US$4,50. Es verdad que se trata de una ganancia tomando en cuenta la inflación. Pero el mismo dólar invertido en una bolsa de acciones que reflejara la situación del mercado en general valdría hoy una extraordinaria cantidad de US$706.199.

Como inversión, el oro tiene algunas desventajas. Quienquiera que posea una cantidad significativa del metal debe invertir en su protección, lo que representa un coste que afecta a su retorno, dice Siegel. A diferencia del ahorro en un banco, de títulos o acciones que pagan dividendos, el oro no genera renta. “Es un activo muy volátil con ingreso cero”, dice Allen.

El oro tampoco da derecho a la participación en los beneficios de una empresa, un beneficio del que sólo disfruta el accionista. Los inversores que quieran seguridad pueden recurrir a los bonos del Estado, sabiendo que el Estado puede usar su privilegio de agente fiscal para pagar a los propietarios de sus títulos. El precio del oro no cuenta con ningún respaldo.

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Pagar un “precio alto”. En un periodo de hiperinflación, cuando la moneda pierde prácticamente su valor, o en épocas de gran desconfianza en la economía o en el sistema bancario, no hay duda de que el oro puede ser un puerto seguro, observa Siegel. “No hay nada mejor, obviamente, si el inversor tiene ese tipo de preocupación”. Siegel añade, sin embargo, que las personas que recurren al oro suelen estar “preocupadas de forma exagerada” por eventos catastróficos. Invertir una parte muy grande de la riqueza personal en oro significa, por lo tanto, quedarse en un lado del camino esperando que un evento improbable ocurra mientras otros activos, como acciones, por ejemplo, están produciendo retornos mejores a largo plazo. “Es un precio muy alto a pagar”, dice.

Actualmente, la inflación es muy baja, lo que elimina ese factor como razón inmediata para mantener reservas en oro. El inversor que quiera una protección garantizada contra una posible inflación futura tiene mejores opciones en los bonos de ahorro americanos indexados a la inflación, dice Siegel. Los bonos individuales garantizan un retorno modesto por encima de la tasa de inflación, al mismo tiempo que ofrecen protección contra pérdidas ocasionadas por la deflación o caídas de precios.

Según Smetters, hay otra opción: títulos del Tesoro protegidos contra la inflación, o TIPS (por sus siglas en inglés). Esos títulos del gobierno americano generan ganancias anuales con intereses más el aumento del principal, o el valor nominal del título más la tasa de la inflación. (El mejor lugar para aplicar los TIPS son las cuentas de jubilación como el IRA y el 401(k), para evitar el impuesto anual o la “renta fantasma” derivados de los ajustes de la inflación, dice Smetters). Allen concuerda. “Yo diría que los TIPS son una estrategia mejor que el oro para protegerse contra la inflación, a menos que las cosas estén realmente muy mal en EE.UU. El franco suizo también es una buena apuesta”.

Una cartera de inversiones bien diversificada también puede ayudar al inversor a protegerse de la inflación, dice Smetters. “En general, creo en un proceso de inversión de múltiples partes que comienza con una capa segura de títulos internacionales diversificados”, agrega.

Otra opción, evidentemente, son las acciones, las cuales, según muestran los datos de Siegel, presentan un buen historial de largo plazo frente a la inflación. Y el principal motivo para que eso suceda se debe al hecho de que las empresas pueden aumentar los precios de los bienes y servicios en la medida en que la inflación hace subir los costes de las materias primas y la mano de obra. La inflación puede también aumentar la renta de los clientes, permitiendo que paguen precios más altos.

Los fideicomisos de bienes raíces (REITs) también ofrecen protección contra la inflación, añade Allen. Son una especie de fondo mutuo que posee bienes residenciales, comerciales o industriales. Los valores de las propiedades y de los alquileres en general suben con la inflación, lo que convierte a los REITS en una buena protección. Para quien se preocupa por el colapso del mercado bursátil, Allen recomienda las “put options” (opciones de venta), que protegen contra pérdidas al darle a sus propietarios el derecho de venta de bloques de acciones a un precio garantizado, o un índice amplio como S&P 500. Para minimizar los costes —es decir, la comisión pagada por una opción— el inversor puede adquirir opciones de venta “fuera del precio” (out of the money). Son más baratas porque exigen que el inversor acepte unas ciertas pérdidas antes de que la protección comience a valer, algo parecido a la adquisición de una póliza de seguro con un deducible muy alto.

El inversor que se preocupa mucho por otras clases de activos puede dedicar una pequeña parte de sus inversiones al oro si quiere sentirse más tranquilo, con tal de que esté dispuesto a pagar tasas de almacenaje y obtener retornos insignificantes, dice Siegel.

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Mejor comprar la mina. La mayor parte de los especialistas no aconseja que se invierta en joyas y monedas de colección, porque es difícil evaluar el valor artístico o de colección que la moneda tiene más allá de su valor en oro. Los inversores profesionales negocian oro en el mercado de futuros, pero esa es una operación compleja, y los futuros, por norma, se usan para apuestas de corto plazo, y no para inversiones de largo plazo.

Un término medio sería invertir en acciones de compañías mineras de oro, dice Allen. Esas acciones proporcionan al accionista el derecho de participación en los flujos de caja, y tienden a beneficiarlos cuando el precio del oro sube, aunque el inversor deba también evaluar la calidad de la gestión, la competitividad de la empresa en el mercado y todos los demás factores propios de la adquisición de acciones.

Para evitar el coste de almacenaje del oro, el inversor puede comprar acciones en los fondos de índices (exchange-traded funds, o ETFs), que poseen oro en especie guardado en cofres en lugares como Suiza. Los EFTs son un tipo de fondo mutuo negociados como acciones, facilitando la compra y venta de oro. Son una buena manera de especular con spot prices [precios al contado], o de mantener el oro almacenado por más tiempo para diversificar la cartera. Pero los EFTs de oro tal vez no sean buenos para la protección contra el caos financiero, social o político, porque su negociación depende de los mercados financieros, y el oro en sí aún es inaccesible. ¿Existe una solución mejor que el oro para el inversor preocupado por la crisis social? “Para los que se preocupan por la crisis social, tal vez fuera mejor que se trasladaran a vivir a Canadá”, dice Allen en tono de broma.

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