Frigorífico brasileño abastece mitad de carne y pollos que se consumen en Venezuela

Un frigorífico venezolano privado, vende carne de una vaca criada localmente a un supermercado privado aproximadamente al 16 por ciento del precio de la carne importada de Brasil, según Franz Rivas, director ejecutivo de la Asociación Nacional de Frigoríficos y Mataderos Industriales, Asofrigo. Y un contenedor importado por una compañía venezolana privada puede permanecer semanas enteras en un barco amarrado en el puerto y tardar dos meses en pasar por la aduana, según Cavenbra y la Cámara de Comercio de Puerto Cabello.

Esto ha ocasionado que en este último año, Venezuela pasara de ser el segundo importador de carne más grande del mundo a no importar casi nada, según el USDA. El faenamiento local cayó tanto, dijo Rivas, que todos los miembros de Asofrigo operan actualmente a pérdida.

Para JBS SA, el frigorífico más grande del mundo, el mercado venezolano ha adquirido una significación especial. Tiene un contrato por 2.100 millones de dólares y abastece casi la mitad de la carne de res y una cuarta parte de los pollos consumidos por 28 millones de venezolanos carnívoros. El país representa un 10 por ciento de los ingresos por exportaciones de JBS, una posición que algunos analistas han calificado de riesgosa teniendo en cuenta que Venezuela se halla en una situación cercana a la cesación de pagos.

“Para JBS, representó la posibilidad de hacer algo que nadie hizo hasta ahora en un país que cuenta con una importante demanda potencial”, dijo en una entrevista Miguel Gularte, presidente de JBS Mercosul. Al tomar a su cargo el empaque y la distribución de sus productos en Venezuela, JBS también ha podido reducir considerablemente el tiempo de llegada a las góndolas de las tiendas.

En junio, el presidente del parlamento venezolano, Diosdado Cabello, pasó cuatro días en Brasil. No fue un viaje secreto. Lo acompañaron otros funcionarios, tuiteó que estaba “trabajando por y para la patria” y se reunió con la presidenta. Fue, empero, una visita de Estado inusual.

Su primera reunión importante fue con Joesley Batista, el mayor de los cinco hermanos del clan multimillonario que controla JBS. En tres días, Cabello visitó plantas de JBS. Cenó con la familia Batista, según detalla el diario colombiano El Espectador.

Esta visita dice mucho sobre la relación de mutua dependencia que está surgiendo entre una compañía brasileña y el gobierno de Venezuela. Y constituye una lección respecto de las prioridades del gobierno venezolano en este momento.

“La mayor preocupación del gobierno ahora es la provisión de alimentos”, dijo Fernando Portela, director ejecutivo de la Cámara de Comercio Venezolano-Brasileña, Cavenbra. “Necesitan continuar abasteciendo los comercios para permanecer en el poder”.

Cabello explicó que viajaba a Brasil para conversar sobre alimentos y medicamentos con el fin de ganar la “guerra económica” que los capitalistas están librando contra su país. Las consultas al Ministerio de Información para obtener más comentarios de Cabello, el Ministerio de Alimentación y la presidencia no recibieron respuesta.

Ventajas para algunos

JBS tiene un convenio que otras empresas no tienen. En 2014, vendió alimentos por US$1.200 millones al gobierno venezolano y cobró en un plazo de 90 días, según documentación elaborada conjuntamente por la empresa y el monopolio importador estatal, Corpovex.

Por otra parte, numerosas corporaciones locales y extranjeras en Venezuela no han podido obtener los dólares racionados del gobierno durante años. Ecoanalítica, una firma consultora con sede en Caracas, señala que el gobierno venezolano tiene facturas impagas de compañías privadas por valor de US$28.000 millones.

JBS espera incrementar sus ventas a Venezuela un 20 por ciento en 2015, dijo Gularte. La compañía está en tratativas con Credit Suisse AG para estructurar el financiamiento de un mayor crecimiento en el país.

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