Recomiendan amortizar deudas con pago de utilidades

De cara a los altos índices inflacionarios, economistas recomiendan que el destino del dinero que por derecho le corresponde cobrar a partir de este mes o noviembre  sea principalmente el pago de deudas, ya sean créditos bancarios o tarjetas de crédito, éstas últimas, incluso, están siendo usadas para fines no comunes y que en nada garantizan una inversión, como la compra de alimentos y bebidas.

El economista José Grasso Vecchio recomienda en declaraciones al diario Panorama, que si contrajo deudas durante el año para suplir alguna necesidad de quincena o para útiles escolares “siempre es bueno pagarlas”, porque las tasas por depósitos son inferiores (16%) a las tasas de las tarjetas (29%)”.

Asimismo destacó que no es una opción ahorrar, pues la inflación “devora” rápidamente el dinero.

“Si después de pagar las deudas le queda algún excedente hay que buscar protegerse de la inflación con la compra de algún activo, un electrodoméstico, computadora, reparar la casa u oficina, comprar repuestos, cauchos, pero todo va a depender de qué tan comprometido esté ese dinero”, aconsejó Grasso Vecchio.

Comparte la opinión de Grasso el economista Asdrúbal Oliveros, director de la firma Ecoanalítica, quien insiste en que en una situación como la de Venezuela hay que “cuidar el acceso al crédito”, por tanto, “si han aumentado gastos de la tarjeta bajar la presión de la deuda. Comprar bienes durables, línea blanca, muebles, hacer previsiones de reparaciones. Lo peor que puede hacer la gente es tener ese dinero en el banco”.

También es importante ajustarse al presupuesto para no gastar de más o en bienes que no necesita. A juicio del economista Andrés Santeliz el dinero se debe invertir en lo más indispensable, porque “no dará para mucho, más bien la gente está vendiendo sus cosas”.

“La situación está complicada, el grueso de la población está gastando todo lo que gana en alimentos”, explicó Santeliz, por lo que no augura que pueda hacerse gran cosa con los aguinaldos, que se verán devaluados ante los precios de los productos, que están “por las nubes”.

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