Apuntes de una Cuarentena: Cereales/Mañana

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Luis Gerardo García.- La guerra tiene muchas consecuencias desastrosas, entre las cuales están las de orden económico. Además de los costos de reconstrucción posguerra y la destrucción de valor interno, la exportación de bienes y servicios se afecta, impactando a otros países y creando reverberaciones difíciles de manejar.

En contexto de lo anterior, la guerra entre Rusia y Ucrania tiene un efecto negativo sobre el mercado mundial de cereales. Antes de la guerra, Ucrania era el cuarto exportador mundial de maíz y el quinto en trigo; en lo que va de año, y aunque muchos de estos cereales ya han sido cosechados, los precios han aumentado en anticipación a una oferta que quizás no se materialice porque no se podrá sembrar. Así, el maíz ha crecido 40% en 2022, el trigo casi 60% y los fertilizantes como la potasa alcanzan 45% (y en algunos casos se han triplicado). A esto hay que sumar la disrupción que ha supuesto para las cadenas de suministro no sólo la guerra (de acuerdo con reportes, hay alrededor de 22 millones de toneladas de granos en silos repartidos en toda Ucrania imposibilitados de movilizarse), sino, además, la cuarentena impuesta en China.

En el caso del sector agrícola, la anticipación es importante, puesto que hay una realidad biológica que se impone sobre cualquier otra variable. Las plantas tienen un ritmo de crecimiento, y no hay forma de acelerarla más allá de un nivel razonable – una planta de maíz crece entre 60 y 100 días, ni más ni menos. Además, hay que hacer una preparación previa de movimiento de tierras, abono, etc., que tampoco se puede improvisar. Así, la oferta debería afectarse a futuro, a pesar de que el mismo mercado buscará su acomodo al aparecer nuevas fuentes de suministro o cultivos alternativos. Con ello, los precios también se afectarán, y de hecho ya se están viendo afectados, lo que alimentará la inflación y hará que la misma sea más persistente a lo anticipado.

En el mediano plazo cabría esperarse que la globalización sufra un duro golpe en tanto las economías del mundo limitan o reducen su dependencia en exportaciones, bien por minimizar el riesgo de oferta o por temas ideológicos. Esto debe acelerar tendencias como el nearshoring (que hablamos en su oportunidad), haciendo que el mundo se fragmente en bloques de comercio cuyas características comunes serán la cercanía geográfica y la afinidad política.

Y Venezuela, ¿cómo se enmarca en este contexto? Pareciera que esta columna se ha convertido en un repositorio de oportunidades que aparecen, si no es que siempre estuvieron allí, para que el país las aproveche. Los venezolanos tenemos memoria corta, y nos olvidamos de que hace veinticinco años éramos autosuficientes en cereales, y hace apenas diez teníamos una oferta robusta de rubros agrícolas. Esto demuestra el potencial que tenemos y por ello, el sector agrícola venezolano se ha venido reinventando para aprovechar las oportunidades. Para impulsar esto hace falta no sólo financiamiento sino también ese liderazgo que establezca un escenario de estabilidad y predictibilidad en las reglas de juego.

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En los últimos meses le he agarrado el gusto a las series coreanas que se exhiben en Netflix, como por ejemplo El Juego del Calamar. Pero en estas últimas semanas me he aficionado a una serie llamada “Mañana”.

“Mañana” es una serie bien llevada, a medio camino entre una comedia y un drama. Trata sobre un equipo del Más Allá que trata de evitar que las personas que pasan por situaciones difíciles se suiciden. Pero la razón por la cual escribo sobre “Mañana” no es para hacer una crítica o recomendación televisiva.

En el primer capítulo de la serie, el personaje principal dice una frase que es demasiado potente: piensa en lo que debe estar pasando por la mente de un suicida, que prefiere la muerte al mañana.

Wow.

Un suicida prefiere morirse hoy que enfrentarse a un mañana. Pensemos esto, en estas circunstancias tan delicadas para todos, y seamos más empáticos y abiertos.

@VzlanaF

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