Un mundo lleno de incertidumbre

enero 22, 2022
Daniel-Lahoud

Daniel Lahoud.- Los economistas no somos los más apropiados para realizar estimaciones sobre el futuro, quienes lo hacen con mucha mejor habilidad son los empresarios, es decir, aquellos que arriesgan su propio patrimonio en cada decisión y quienes al final “deben” procurar una mayor tasa de acierto. El empresario además parte del conocimiento profundo de su propia actividad, que es algo que no alcanza a obtener el economista y además el empresario parte del presente, que es desde donde parte el futuro, mientras el economista parte del pasado, que no necesariamente guarda relación con el futuro.

Pero el final de año es siempre época de intentar recapacitar y ofrecer adelantos de lo que puede ocurrir en el próximo año. Como estos años no son, ni se parecen a los que se vivieron antes de 1999, hay que decir que la incertidumbre es la norma. En aquellas épocas de la democracia civil, para esta época existía un presupuesto que aunque no se cumplía, marcaba algunas líneas de lo que se planteaba de cara al futuro. Hoy no hay certeza de nada, y aunque un verdadero empresario es quien se enfrenta a la incertidumbre. El exceso de incertidumbre hace muy poco viable la presencia de un empresario de verdad.

Qué enmarca la realidad

Venezuela siempre ha estado influida por lo que pasa a su alrededor, como no es un país desarrollado, y no lo ha sido nunca, depende de la venta de sus materias primas en el exterior y eso hoy, está limitado por las sanciones. Además como no produce aquellos productos que consume se encuentra obligado a comprar productos terminados y semielaborados en los mercados internacionales. Eso provoca que sus crisis sean siempre imputadas desde los mercados internacionales. Por eso, cuando caían los precios del café y el cacao en el siglo XIX, la economía venezolana entraba en una recesión profunda y el siglo XX produjo sólo el cambio de commoditie, porque las reacciones ocurren con las fluctuaciones en los precios del petróleo.

La gran inquietud aquí (relacionada con los mercados internacionales) es qué ocurrirá con los incrementos ocurridos en el índice de precios norteamericano y cuál será la reacción de los directores del FED. Dejarán la economía tranquila, realizarán más estímulo para hacer que la economía siga creciendo, o decidirán aplacar el crecimiento de los precios que viene manifestándose desde octubre. Las tres posibilidades enmarcan situaciones diversas para la economía venezolana y aunque algunos de los voceros se han manifestado por seguir estimulando la economía, lo más seguro es que prive el criterio de evitar un repunte inflacionario y se terminen aplicando políticas restrictivas en el ámbito monetario.

Consideramos que 2022 va a poner al FED a la defensiva y va a tratar de limitar el crecimiento de precios, por lo que van a realizar pequeños repuntes en el nivel de las tasas de interés, lo que llevará a recortes en el crédito y a una elevación en el rendimiento de aquellos contratos a tasa variable. En todos los sentidos iremos hacia un escenario más recesivo en el área internacional y que afectará a los precios del petróleo y a los intereses de los títulos de deuda.

¿La recuperación es real?

Otro de los elementos que retumba con insistencia en los programas de radio y las declaraciones de quienes hacen análisis económico es la cada vez más importante recuperación de la economía venezolana. Aquí hay que llamar la atención en relación a la realidad. Venezuela en el siglo pasado y en los inicios de este alcanzó a producir más de dos millones de barriles diarios de petróleo hoy no llega ni a la mitad. Las siderúrgicas producían y exportaban toneladas de acero. Las cementeras producían y vendían producto que era demandado con insistencia e incluso llegaban a exportar Clinker en volúmenes importantes, hoy no producen, importan. En general, la economía venezolana se ha convertido en una economía de consumo, haciendo este renglón más destacable que en el siglo XX y mucho más destacable que en la “supuesta” recuperación de 2003-2010. La pregunta es ¿qué ocurrirá con un país que no produce nada y se limita a importar productos de consumo, si se presenta una recesión internacional?

En una recesión caen los precios de las materias primas y los productos semielaborados, mientras que se mantienen los precios de los bienes de consumo. Por lo que habría más pérdidas que ganancias en un escenario así para los venezolanos.

Venezuela desde 1974 cuando comenzaron sus problemas cada vez produce menos, bien sea porque las industrias han cerrado por decisión personal, por la fuerza del mercado o por la vía de la expropiación, por lo que si quiere hablarse de recuperación, hay que enfrentarse a la realidad de un reenfoque de los sectores y un crecimiento verdadero de la producción, de una industria sana y productiva. Eso también significa que sus empresarios no deben estar solicitando la eliminación de las libertades de importación que están vigentes desde 2020. Un empresario en realidad es aquel que mejor sirve a sus consumidores, es decir, quien produce el mejor producto al menor precio. Un empresario que solicita controles quiere producir caro y malo, por lo que no es un verdadero empresario, es un pésimo especulador y eso no hace falta en ningún país.

¿Se acabó la hiperinflación?

Otra inquietud es la relacionada a los temas monetarios y entre ellos la dolarización y los incrementos de precios. Venezuela sufre de desorden monetario desde 1974 también, porque el desorden monetario no sólo se muestra en alza de los precios y estos comenzaron a cambiar de manera importante desde 1974, desde que estatizaron al banco central y se instauró la costumbre de hacer política monetaria.

Aquí hay que además afirmar que la política monetaria es nefasta, lo es en un país desarrollado y peor aún en un país de poco desarrollo, como Venezuela. Por eso, no somos partidarios de esos malabarismos y montajes de circo.

Mientras Venezuela producía, los efectos de estas devaluaciones e inflaciones monetarias se hacían menos evidentes y en la medida que se producía menos, y se hacía más dependiente del gobierno, los efectos fueron tergiversándose hasta llegar a la triste realidad de lo que denominan hiperinflación. ¿Qué es eso? Bueno un desorden de la estructura de precios, que se manifiesta en la destrucción de la moneda que ha sido envilecida al extremo. Por eso el “bolívar digital”, el “bolívar soberano” y el “bolívar fuerte” tienen muy poco que ver con el “bolívar de plata” de Guzmán. Por eso el bolívar de plata y el bolívar de oro (del General Gómez) son más parecidos al “dólar” y por ello de una manera espontánea, la gente cambió de moneda y adoptó el dólar como moneda.

Eso sí, la dolarización no es completa, entre otras razones porque no hay posibilidades de realizar compensaciones en dólares, pero hasta el gobierno ha adoptado como estrategia la Ley de Gresham porque recibe todos los pagos en dólares y procura realizar los pagos con papelitos de monopolio, es decir, aquello que dice ser moneda nacional. La pregunta es ¿se aceptará una dolarización definitiva? Pues mientras pueda mantenerse ese esquema de cobrar en dólares y pagar en bolívares. El gobierno lo mantendrá y no habrá dolarización, pero tampoco una moneda nacional seria. Sin embargo una de las condiciones para una verdadera recuperación económica, se sustancian en una moneda fuerte y sólida. Mientras no la haya, ni sueñen en fantasías. Porque en este esquema de doble moneda, la gente entiende con claridad que unos son dólares y los otros son papelitos de monopolio, sujetos a verdadera inflación, que es la emisión descontrolada. Por tanto quienes hablan de inflación en dólares, abogan por mantener su esquema de estafa programada con papelitos de colores. Realmente está difícil creer que puede haber recuperación económica.

@daniellahoud

Daniel Lahoud - Economista
menu linkedin facebook pinterest youtube rss twitter instagram facebook-blank rss-blank linkedin-blank pinterest youtube twitter instagram