Circulando por la Economía Circular

“No podemos resolver los problemas utilizando el mismo tipo de pensamiento que teníamos cuando los creamos”

Albert Einstein

Nuestras sociedades, empresas y modelos de comportamiento actuales, están basados principalmente en las “economías lineales”, en las que tomamos materiales para fabricar algo y nos deshacemos de ellos cuando terminamos de utilizarlos. La economía lineal es un sistema que implica que el suministro de recursos es infinito y que el mundo en el que habitamos puede absorber todos nuestros desechos. Este enfoque tiene un alto costo tanto para las empresas como para el medio ambiente.

Desde hace algunos años ya, se viene manejado el concepto de “economías circulares”, y se ha convertido en algo tan importante que no podemos dejarlo de lado. Son muchos los autores, países, empresas y fundaciones que están al día de hoy dando forma a este concepto que ha recibido mucha atención en los últimos años ya que el cambio climático, los residuos y la escasez de recursos son cada vez más críticos.

La economía circular puede dar respuesta a todas estas preocupaciones ya que promete nuevos beneficios económicos. El “Circularity Gap Report 2021” afirma que de la economía mundial apenas un 8% es considerado circular y establece el ambicioso objetivo de llegar a ser un 17% para 2030 centrándose en los sectores con alto potencial de cambio. El resto sigue el camino de la economía lineal, desechado y a menudo sustituido por nuevos artículos.

Bajo este modelo de pensamiento y acción más reciente, se hace posible el crecimiento económico sin depender de recursos limitados. La economía circular mantiene los recursos -como los productos, los materiales y la energía- en el sistema económico durante el mayor tiempo que se pueda y con el “mayor valor” posible. Los productos adquieren valor a medida que se fabrican, mediante la aportación de materiales, mano de obra y energía. Encontrar formas de reutilizar un producto mantiene gran parte de ese valor.

Hay autores que piensan en estas prácticas bajo el modelo de las “R” y es interesante verlo así. A cualquier nivel se puede aumentar el uso recursos y crear mayor valor dentro del ciclo priorizando las acciones bajo estos principios: Repensar, Rediseñar, Reutilizar, Reparar, Remanufacturar, Reciclar y Recuperar. Son muchas las empresas a nivel global que están actuando de esta manera y avanzando consistentemente en este sentido. Patagonia y REI llevan a cabo programas de recompra. H&M e IKEA diseñan productos pensando en su reutilización. Estas no son las únicas, ya otras compañías como Unilever, Danone, AB InBev e inclusive instituciones financieras como BlackRock están haciendo esfuerzos importantes en esta materia.

De igual manera muchos países, sobre todo en Europa como continente líder de este movimiento, se han sumado a la causa y sus iniciativas. En los últimos años las políticas europeas sobre economía circular han seguido creciendo y ganando importancia en todo el continente, aunque lo cierto es que para pasar completamente del papel a la acción todavía parece resultar complicado para muchos. Holanda, Italia, Francia, Alemania, Portugal, España y Luxemburgo son apenas algunos de esos países. Por supuesto que aún el camino por recorrer es largo, deben incorporarse legislaciones que sean amables con esta causa y la promuevan, las sociedades y las empresas deben ser cada día más activas.

¿Qué pasa en Latinoamérica con todo esto? Entendiendo que este gran principio se basa en tres aristas: eliminar los residuos y la contaminación, hacer circular los productos y materiales al más alto nivel y regenerar la naturaleza, es una oportunidad para que la región se posicione como un actor clave. En nuestra región nos soportamos en la Coalición de Economía Circular de América Latina y el Caribe, la cual se formó en el año 2021 para servir de plataforma de intercambio de las mejores prácticas de economía circular y promover la cooperación entre los gobiernos, las empresas y la sociedad de la región. Está coordinada por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA).

Todo lo anterior implica cambios importantes en muchos niveles de la sociedad, de las empresas, las legislaciones y otros elementos regulatorios. Los consumidores deben adoptar plenamente las ideas de reducir las compras, reutilizar los productos y, cuando esto no sea posible, reciclar. También es necesario que toda la cultura se replantee la forma en que diseñamos los sistemas para manejar los recursos y la manera en que construimos redes y asociaciones.

Si queremos un futuro sostenible, es necesario un cambio real en todos los ámbitos, así como la creación de sistemas más sólidos que nos guíen de forma realista hacia la economía circular. Esta tendencia se convertirá en algo imprescindible y seguirá creciendo a un ritmo cada vez más acelerado para el cual debemos estar preparados.

Daniel Russo V.

MBA / Estrategia, Mercadeo y Negocios

Twitter: @drusvec

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